La Agenda 2030 es un evento impuesto por la Organización de las Naciones Unidas. Consiste en el cumplimiento de 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) bajo el acuerdo de 169 países que están adheridos a la organización y comprometidos a cambiar el rumbo del planeta tierra mediante los estándares elevados a nivel social, ambiental y económico.
En el 2015, esta serie de ODS fueron puestos en acción para mitigar los efectos del cambio climático, reforzar la seguridad alimentaria y el consumo responsable, garantizar la salud pública y privada, aumentar el nivel de educación, reducir la pobreza y el hambre, y conservar los ecosistemas. ¿Y el agro? Participa en la mayoría debido a que es una mezcla entre la producción de alimentos responsable y la seguridad alimentaria.
Para el sector, uno de los temas más importantes es el aumento de la demanda sobre los alimentos. Muchos especialistas pronosticaron un futuro desafiante ante la cantidad de personas y los alimentos que se requerirán. Y otro reto para el rubro es la elaboración de un proceso sostenible que pueda combinar la sostenibilidad y la rentabilidad. La Agenda 2030 incita a los 169 países a contribuir y para muchos, los ODS son un palo en la rueda.
Al igual que sucede con el sector privado y las innovaciones que plantean, para el sector, muchos de los cambios presentados son repentinos y abruptos. La sostenibilidad no se da de un día para otro y el desafío para las ONG y las organizaciones es detallar la hoja de ruta para que el proceso sea efectivo y aceptado.
La palabra “transición” surge ante la inexperiencia de los productores frente a las innovaciones tecnológicas y sostenibles que figuran en la agricultura sostenible. El uso de drones agrícolas, los invernaderos con luces LED, la aplicación de bioinsumos para reducir los sintéticos, maquinarias avanzadas, etc.
La dependencia de los alimentos no es una solución. El objetivo de la agricultura es que los productores tradicionales puedan complementarse con las nuevas prácticas. Que las producciones nuevas estén acompañadas de los recursos básicos y que haya una coexistencia en todo el sector para afrontar las nuevas medidas.
¿Por qué es importante el rol de los productores?
El “acompañamiento” de los referentes del sector hacia los productores es esencial. El apoyo y la enseñanza hacia los trabajadores es un paso previo que, si se cumple, la producción será un éxito. Una especie de alianza entre ambas partes para forjar una relación y trabajar en conjunto.
Los especialistas han marcado la “inflexibilidad” de los productores en algunos momentos. Quebrar esa primera barrera también es un desafío, sobre todo si no están comprometidos a hacerlo. El planteo de la sostenibilidad en los alimentos requiere varias cosas previas.
¿Cuáles son las ideas que se plantean desde la Agenda 2030 con respecto a la seguridad alimentaria y el agro?
El análisis de los datos evaluados por la ONU indicó que en 2022, casi el 10% de la población mundial padece un estado de hambre crónica, que alude a una desnutrición constante. Y no solo eso, sino que más de 2000 millones de personas sufren la inseguridad alimentaria, que hace referencia a la insuficiencia de recursos alimenticios.
Ante este panorama, la ONU planteó transformar y mejorar sistemas alimenticios, que los niños tengan la posibilidad de conseguir alimentos, y que las empresas más grandes puedan invertir en soportes para garantizar la seguridad alimentaria. Y sobre la agricultura sostenible, manifestaron que se necesitan prácticas agrícolas escalonadas para que el cambio no sea brusco.
El ODS número 11 también plantea la necesidad de abastecer a la población mundial en ciudades con los suficientes recursos. Muchas personas carecen de viviendas o viven en barrios marginales. Estos pequeños detalles también influyen en la sostenibilidad de la comunidad y las ciudades. Desde los lugares más recónditos, donde el acceso a los alimentos es escaso, la inseguridad alimentaria abunda y es un desafío para las ONGS u organizaciones internacionales.
La calidad de vida es innegociable. En los barrios más precarios, la contaminación y la calidad alimenticia no cooperan en la situación. Establecer ciudades más sostenibles ayudará a las personas a cambiar de vida y asegurarse un alimento más seguro y nutritivo e inocuo, que no sea perjudicial para el ser humano.
“Respaldo de políticas públicas y apoyo financiero”, subrayaron desde el Ministerio de Agricultura y Seguridad Alimentaria desde Israel. Con estos dos ítems, sumado a la conexión entre la agricultura y la sostenibilidad, y con la flexibilidad de los productores para combinar lo tradicional con lo novedoso, se puede pensar en una Agenda 2030 con cambios significativos. Claro está decir que depende exclusivamente del compromiso demostrado por los 169 países para avanzar o retroceder en los ODS.
