Manos sosteniendo dos plantines con raíces expuestas, listos para ser trasplantados en suelo fértil.

Certificación B como nuevo estándar para empresas agrícolas

La empresa Agro Sustentable es una de las compañías argentinas más confiables en el mundo agrícola, y es por eso que cuenta con la Certificación B, que la reconoce como una empresa con altos estándares de producción y de calidad, además de un cuidado estricto por el medio ambiente y por los trabajadores.

La lógica B no apunta solo a lo ambiental, como lo haría una certificación orgánica. Acá también importa lo social, lo económico, lo laboral. Es decir: cómo se toman decisiones, cómo se comparte valor, cómo se trata a los empleados y qué vínculo se tiene con la comunidad.

Qué significa ser una Empresa B

Para lograr la certificación hay que pasar por una evaluación bastante exigente. No se trata de un formulario simple. Hay que responder más de 200 preguntas, mostrar documentación, evidencias, procesos. Además, todo se revisa y valida por un equipo técnico externo. No alcanza con tener buenas intenciones.

Las empresas B son aquellas que, además de buscar rentabilidad, toman decisiones considerando su impacto en las personas y el ambiente. Esa promesa tiene que estar escrita en el estatuto. Y tiene que cumplirse en la práctica. Desde cómo se elige a los proveedores hasta qué pasa con los residuos que se generan en el campo o en la planta.

¿Y por que empresas como Agro Sustentable decidieron hacer ese esfuerzo?

Hay varias razones. Primero, porque ciertos compradores internacionales —sobre todo en Europa y Norteamérica— ya están pidiendo este tipo de validaciones. No es obligatorio, pero suma. Algunas cadenas de supermercados en Francia o Países Bajos, por ejemplo, priorizan marcas con certificación B o con sellos similares.

Segundo, porque la Certificación B permite ordenar internamente muchos procesos que suelen estar desorganizados. Desde los manuales de buenas prácticas hasta la trazabilidad de los productos. Esto no solo ayuda a exportar mejor. También puede facilitar otros sellos, como el de producción orgánica o el de comercio justo.

Y tercero, porque mejora la reputación. En un contexto donde los consumidores valoran cada vez más a las empresas responsables, tener este tipo de sello puede hacer la diferencia. No solo para vender afuera, sino también para posicionarse localmente.

El campo también quiere mostrar propósito

En el agro siempre se habló de tradición, trabajo y esfuerzo. Pero en los últimos años se empezó a hablar también de propósito. Ya no alcanza con producir bien. Hay que contar cómo se hace, para qué, con quiénes y en qué condiciones. Y eso vale tanto para una empresa grande como para una cooperativa del interior.

Entonces, esta Certificación B sirve para pensar qué impacto tiene la empresa en su entorno. Cómo cuida el suelo, cómo gestiona el agua, qué tipo de relaciones laborales promueve. Incluso toca temas que muchas veces se dejan afuera en el agro, como la diversidad o la equidad.

Casos que ya están marcando el camino

En Argentina hay varios ejemplos de empresas del rubro agroalimentario que ya lograron la Certificación B. El ejemplo más notorio es el de Agro Sustentable, que comercializa productos orgánicos de exportación. Algunas otras empresas se dedican a producir alimentos orgánicos, otras trabajan con pequeños productores, otras exportan fruta seca o vinos.

Un caso interesante es el de bodegas que ya exportaban a mercados con alta exigencia y decidieron sumar este sello para diferenciarse más. Como ya contaban con Certificación Orgánica y cumplían regulaciones europeas, aprovecharon esa base para avanzar hacia el modelo B.

También hay emprendimientos de aceite de oliva, legumbres y frutos andinos que encontraron en esta certificación una forma de mostrar que su negocio no se basa solo en el volumen o el precio. Para algunos de estos proyectos, obtener el sello B les permitió entrar a ferias internacionales o cerrar acuerdos con compradores que piden “algo más” que trazabilidad.

¿Es compatible con otras certificaciones?

En general, sí. La Certificación B no reemplaza a otras como la orgánica, pero puede complementarlas. De hecho, muchas empresas que ya tienen buenas prácticas ambientales encuentran que el proceso B les sirve para mirar otras áreas que no venían evaluando.

Además, muchas de las prácticas que se piden desde la regulación europea para la agricultura ya están contempladas en los criterios B. Por eso, avanzar hacia este estándar puede servir como paso previo o acompañamiento en una estrategia de exportación más ambiciosa.

No es solo para empresas grandes

No solamente compañías como Agro Sustentable pueden acceder a tener la Certificación B. Aunque el proceso puede parecer complejo, hay herramientas pensadas para organizaciones más chicas. Existen versiones simplificadas de la evaluación y redes de apoyo que acompañan en la certificación. Algunas provincias incluso están ofreciendo programas de asistencia técnica o subsidios para facilitar este tipo de validaciones.

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