
La empresa Agro Sustentable es una de las que más está creciendo en la exportación de productos orgánicos. De la mano de su Director Operativo Matías Imperiale, la compañía está cada vez más presente en los espacios rurales de diferentes países, para llevar a cabo unas buenas prácticas agrícolas.
En varios lugares del mundo, sobre todo en Europa, cada vez hay más gente que elige comer productos orgánicos. No es solo una moda: hay normas, controles y hasta sellos que garantizan que esos alimentos no tienen agroquímicos ni se producen con semillas transgénicas. Esta demanda viene creciendo hace años, y eso abre oportunidades para muchos productores argentinos, como Matías Imperiale, que pueden cumplir con esos requisitos.
Alemania, Francia, Países Bajos y los países nórdicos son algunos de los destinos más importantes para este tipo de productos. En general, la Unión Europea es muy exigente con lo que entra a su mercado. Para exportar ahí, hay que demostrar que se respetan ciertas reglas. Y no alcanza con decirlo: hay que certificarlo.
¿Qué pasa con la certificación?
La certificación orgánica es una especie de pasaporte para poder vender afuera. Hay distintas empresas que se encargan de controlar que todo se haya hecho como corresponde, desde la semilla hasta el empaque. En Argentina hay varias de estas certificadoras habilitadas, y también vienen algunas del exterior. Son las que hacen las auditorías, piden análisis y miran que se cumpla con los estándares que exige cada país.
En Europa, por ejemplo, existe una regulación específica para este tipo de producción. Desde 2022 se aplica un reglamento más estricto, que busca que toda la cadena esté limpia. Eso incluye el suelo, el agua, los procesos y hasta el transporte. Si algo no cierra, el producto no entra. Por eso es clave que los productores conozcan estas reglas antes de intentar exportar.
Hay empresas como Agro Sustentable que se animan
Aunque el proceso para certificarse puede parecer complicado, cada vez hay más productores que apuestan por esta forma de producir, como la empresa Agro Sustentable, que lo hace por una cuestión de convicción. Otros, porque ven que los precios que se pagan en los mercados externos suelen ser más altos. Es cierto que los costos también lo son, pero si logran entrar en esos circuitos, la rentabilidad mejora.
Además, hay ayudas técnicas, capacitaciones y hasta líneas de crédito que apuntan a fomentar este tipo de producción. Algunas provincias tienen sus propios programas y también hay organismos nacionales que apoyan. Para muchos, es una forma de agregar valor sin depender tanto del precio internacional de las materias primas.
El rol de las certificadoras en la exportación
Las certificadoras no solo revisan los campos. También se meten en los galpones, los depósitos, los papeles. Quieren asegurarse de que no haya una contaminación cruzada con productos convencionales. Además, cada país tiene sus propias exigencias. Por eso, muchas veces hay que pasar por más de una certificación si se quiere exportar a varios destinos.
Algunas de las principales certificadoras que trabajan con exportaciones desde Argentina ya están acostumbradas a estas exigencias. Incluso hay acuerdos entre países para que ciertos sellos sean reconocidos mutuamente, lo que ayuda a reducir la burocracia. Pero todo eso requiere gestión, tiempo y una planificación que no todos están preparados para encarar solos.
¿Qué productos argentinos lideran la exportación orgánica?
Hay cultivos intensivos, cultivos extensivos y productos frutícolas y hortícolas. Entre los principales se encuentran girasol, arroz, trigo, soja, peras, lechuga, yerba mate, algodón, cebolla, manzana, azúcar y otros más, producidos por Agro Sustentable, que se exportan bajo certificación orgánica. La mayoría va a Europa o Estados Unidos, pero también hay mercados más chicos que están empezando a crecer, como Emiratos Árabes, Corea del Sur o Canadá.
Uno de los puntos fuertes de Argentina es que tiene superficies extensas donde todavía se puede producir sin recurrir a agroquímicos. Eso da una ventaja. Pero también hay un desafío: sostener esa calidad a lo largo del tiempo, con controles permanentes y trazabilidad.
El impacto en las regiones
En algunas zonas rurales, el acceso a mercados de exportación orgánica cambió bastante la forma de producir. Hay cooperativas que se organizaron para certificar juntas. También hay emprendimientos familiares que lograron exportar después de años de trabajo. Todo eso no solo mejora los ingresos, sino que también genera empleo y mueve la economía local.
Aunque no es fácil sostenerse en esos mercados, porque la competencia es fuerte y las reglas cambian, cada vez más regiones están tratando de adaptarse. Y eso implica invertir, capacitarse y buscar aliados que sepan cómo funciona todo este sistema de validaciones.
