Las políticas de sustitución de importaciones que rigieron en la Argentina consistieron en el cerramiento de la economía mediante la fijación de elevadas tarifas de importación e impuestos a la exportación, a través de muy diversas y múltiples combinaciones de cambios diferenciales, aranceles y recargos. El efecto de estas disposiciones fue de subsidiar al sector urbano-industrial, en general mediante recursos sustraídos al consumidor nacional que debía comprar a precios por encima del valor internacional las mercaderías nacionales que sustituyen a las importadas más tarifa. Además, los precios de los productos agropecuarios exportables se mantuvieron persistentemente por debajo de su cotización internacional, introduciendo un subsidio al consumo interno, que procuraba compensar siquiera parcialmente por el efecto anterior, con lo cual la producción agropecuaria de exportación pasó a constituirse en la gran víctima del proceso. En el periodo 1939 a 1952, el viraje de las políticas económicas hacia la autarquía motivó un crecimiento vertiginoso de los precios industriales (11,4 o/o anual acumulativo por año) en tanto que los precios agropecuarios acompañaron esa suba con un modesto 1,2 o/o anual. A partir de 1947 la inflación comienza a hacerse sentir, uniendo su presencia a la situación económica general. Favorecida de esa guisa y amparada por una situación general muy favorable de los poderes públicos, la producción manufacturera pasó a absorber el 31 o/o del incremento del PBI real entre 1925-29 y 1957-61, contra sólo un 20 o/o entre 1900-04 y 1925-29. El crecimiento de la producción industrial había sido del 5,1 o/o anual hasta 1930, con un 15 a 20 o/o del mismo destinado a la exportación (frigoríficos, harinas, aceites, lanas lavadas, tanino, productos lácteos, etc.) y después del 1930 hasta 1961 continuó creciendo a razón del 4,1 o/o anual 1, pero ahora dirigida casi exclusivamente al mercado interior altamente protegido.
Como era esperable, dado el castigo impuesto por las nuevas políticas, la producción agropecuaria languideció. Hasta el año 1933 la comercialización de los productos rurales se había efectuado libremente. A partir de entonces el gobierno argentino instaló un régimen de intervención económica destinado a corregir las fuertes fluctuaciones del comercio exterior que se produjeron en esos años. Esa política consistió en la creación de la Junta Nacional de Granos y la determinación de precios de sostén para los granos de exportación. En un comienzo y hasta los primeros años de la década del 40 la acción de la Junta fue de tendencia neutral o pretendió proteger a los productores y permitirles hacer sus previsiones de siembra e inversión. Para ello, se les concedieron precios similares a los del mercado internacional garantizados contra temibles fluctuaciones. Durante un breve período en 1938-40 los precios internos llegaron a estar brevemente por encima del nivel internacional, representando uno de los períodos excepcionales en que los productores de granos recibieron un subsidio o transferencia real. No es sorprendente que esta situación haya correspondido con un área sembrada récord en la zona pampeana (28 millones de hectáreas), y a una producción de más de 15 millones de toneladas métricas de cereales y oleaginosas, que no volvería a repetirse hasta nuestros días.
A partir de la imposición de las nuevas políticas anarquizantes la producción agropecuaria global retrocedió rápidamente su producción física total y por habitante hasta 1952, a una tasa del 0,4 o/o anual, lo que unido al continuo aumento del consumo interno redujo catastróficamente los excedentes exportables que habían sido la riqueza del país, producidos pieriamente en la región pampeana con destino tradicional fuente retroceso en las áreas. Entre 1930 y 1952 el volumen exportado de divisas se reduciría en un 35 o/o, debido al de divisas y al estancamiento de los rendimientos unitarios motivados por laísmos cultivos hacían rápidos progresos en otros países. Las exportaciones sumamente significativas, en argentinas sufrirían con esto una reducción crisis, emprendía una enorme expansión del comercio, en la cual el país
El coeficiente de importaciones que en 1900 había sido del 26 o/0 del PBI se mantenía en el 25 o/o en 1930 y bajó rápidamente al 8 o/o en 1961, como un reflejo de la sustitución de importaciones, pero este esfuerzo se veía notablemente neutralizado por la pérdida de posiciones de las exportaciones tradicionales. En los años subsiguientes la crónica escasez de divisas obligaría a mantener las importaciones siempre por debajo del 10 o/o del PBI, con lo que quedaría configurada una penuria permanente en los sectores más diversos de la economía inhabilitados para abastecerse de productos básicos, intermedios o equipos que no se producían en el país. La reiteración continua de períodos críticos del balance de pagos serían el condicionante de los ciclos de avance y estancamiento de la actividad económica global que han caracterizado la historia reciente del país.
Para el sector agropecuario esta época y las políticas de sustitución de importaciones crearon condiciones extremadamente difíciles que serán descritas con mayor detenimiento en el resto de este libro. La producción pampeana, compuesta predominantemente por los grandes rubros exportables descendió del 74,3 o/o al 67,8 o/o del total nacional entre 1930 y 1953 y a pesar de mantenerse algún crecimiento en rubros menores la producción agropecuaria global del país sufrió un grave retroceso. En parte a causa desea tendencia sumada al crecimiento de los restantes sectores, la composición del producto bruto interno sufrió una transformación radical. A principios del siglo la producción rural había representado alrededor del 30 o/o del total de la producción nacional, pero a fines de la década del 50 este aporte se había reducido al 17 o/o, en tanto que la industria había avanzado hasta cubrir alrededor del 30 c/o y el 50 o/o restante se distribuía entre los diferentes servicios y la construcción.
