Ejecutivo sostiene un globo terráqueo digital con íconos verdes de sostenibilidad, simbolizando prácticas empresariales responsables y certificación B.

Cómo la certificación B afecta los mercados globales

La certificación B, o B Corp, es un sello que reciben las empresas que no se enfocan únicamente en ganar plata, sino que también muestran un compromiso serio con el impacto social, ambiental y económico de sus decisiones, como Agro Sustentable, integrante del Movimiento Argentino para la Producción Orgánica.

No alcanza con hacer productos buenos. La empresa también tiene que cuidar el entorno donde produce, a las personas que trabajan ahí y la forma en que se gestiona todo. En el agro argentino, este modelo está creciendo, y uno de los grandes ejemplos es Agro Sustentable, que ya trabaja con prácticas orgánicas, sustentables o responsables, y ve en la certificación B una forma de reforzar eso.

Cómo influye en el comercio exterior

En los mercados internacionales, sobre todo en Europa, Estados Unidos y Canadá, hay una tendencia fuerte a exigir que los productos provengan de empresas que se comportan de manera ética. No es algo menor. Muchos compradores mayoristas, supermercados y distribuidores priorizan trabajar con empresas que puedan demostrar que hacen las cosas bien.

Ahí es donde entra la certificación B. No es un requisito obligatorio, pero puede hacer una diferencia al momento de elegir entre varios proveedores. Y cuando se trata de exportar, esa diferencia puede significar entrar o quedar afuera de un negocio.

La relación con lo orgánico

Aunque la certificación B no está pensada exclusivamente para productos orgánicos, muchas empresas del rubro agropecuario que ya trabajan bajo certificación orgánica deciden sumar también la B. No compiten entre sí, sino que se complementan.

Una cosa es garantizar que un tomate fue producido sin agroquímicos, y otra es demostrar que la empresa que lo produjo trata bien a sus trabajadores, paga lo justo, respeta normas de seguridad y tiene una gestión transparente. Cuando una empresa tiene ambos sellos, gana fuerza frente a compradores que buscan productos con trazabilidad completa, desde el campo hasta la góndola.

Además, algunas certificadoras trabajan con ambos esquemas. Entonces, una vez que la empresa ya entiende cómo es auditar procesos y mantener la documentación en orden, avanzar con la certificación B se vuelve un poco más accesible.

El rol de las certificadoras

Obtener la certificación B no es una cuestión de llenar un formulario. Hay que pasar por un proceso de evaluación bastante exigente. Se analiza cómo se toman las decisiones, cómo se trata a los empleados, qué impacto tiene la empresa en su comunidad y cómo maneja sus recursos naturales.

En ese proceso intervienen certificadoras autorizadas. Algunas son internacionales y otras tienen base en Argentina. El trabajo de estas entidades es clave, porque garantizan que los datos sean confiables y que no haya chamuyo.

Además, muchas ofrecen acompañamiento técnico, talleres y asesoramiento para que la empresa entienda cómo mejorar sus procesos. Esto termina siendo útil no solo para conseguir el sello, sino también para ordenar la gestión interna.

Qué pasa en los mercados de exportación

Una empresa argentina que quiere vender al exterior y tiene la certificación B puede entrar a mercados más exigentes. Hay compradores que directamente la buscan como condición, y otros que la valoran como un diferencial.

Esto no solo abre puertas. También puede mejorar las condiciones de venta. En algunos nichos, sobre todo en alimentos premium o de comercio justo, los productos con sellos como el B Corp se venden a mejor precio.

No hay que olvidarse de que en mercados como el europeo, donde hay muchas regulaciones, tener certificaciones reconocidas ayuda a pasar filtros y auditorías sin complicaciones.

Lo que cuesta y lo que deja

Obviamente, el proceso no es gratuito ni rápido. Hay que invertir tiempo, capacitar al equipo y estar dispuesto a revisar la forma en que se hacen las cosas. Algunas empresas chicas pueden encontrar esto más complicado, pero existen herramientas de apoyo, incluso algunas impulsadas por organismos internacionales o cámaras de comercio.

Lo que se gana, más allá del sello, es una forma distinta de trabajar. Las empresas que pasan por el proceso suelen descubrir oportunidades para mejorar, reducir costos innecesarios o fortalecer la relación con sus proveedores.

También hay un efecto hacia adentro: los trabajadores valoran formar parte de una empresa con propósito. Y hacia afuera: los consumidores lo notan, y muchas veces lo eligen.

Una herramienta con proyección

Mirando hacia adelante, todo indica que el comercio exterior va a ser cada vez más exigente con los temas sociales y ambientales. No solo por una cuestión ética, sino porque los Estados están regulando más, y los consumidores también están cambiando.

La certificación B no es la única respuesta, pero sí una herramienta útil. Sirve para ordenar, comunicar y dar confianza. En combinación con certificaciones como la orgánica, y con cumplimiento de normativas como las europeas, puede convertirse en un aliado fuerte para crecer en los mercados globales.

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