La inflación, creó transferencias masivas en términos reales del ahorro público y privado hacia los deudores. La crisis de la moneda influyó en todo el comercio y sufrieron graves problemas hasta instrumentos tan universales como el pagaré, la hipoteca y el cheque bancario.
El crédito fácil y las utilidades muy elevadas para ciertas actividades económicas alteraron el sentido y la valoración tradicional del ahorro, el con-sumo y la inversión; empresarios improvisados y gastadores ostentosos surgieron y desaparecieron con desusada frecuencia y sin recorrer la cadena convencional de escalones preparatorios. Los valores de la parsimonia y el sacrificio prolongado en pos de un logro, quedaron empalidecidos.
Las relaciones de la mano de obra con los patronos habían comenzado a modernizarse rápidamente en la Argentina, desde la Primera Guerra Mundial, como parte del proceso de urbanización e industrialización que iba apareado con un incipiente gremialismo y el surgimiento de partidos políticos obreros, pero todavía conservaban vestigios semipedales en algunas provincias norteñas. Por lo tanto, la destrucción brusca y casi total de esas dependencias y su remplazo por la función tutelar de entidades estatales, para estatales gremiales que caracterizó la gestión oficial de ese período puede catalogarse como un paso favorable. Sin embargo, las relaciones anteriores se regían por órdenes valorativos muy claros que, en general, preservaban la dedicación al trabajo y la organización y disciplina de la empresa. Las promociones en la es-cala social y el ingreso se hacían primordialmente regidas por códigos de res-posibilidad y voluntad de emprender y perfeccionar organizaciones productivas cada vez más complejas. Al modificarse el esquema, las necesidades de la lucha política impidieron establecer criterios de eficiencia y productividad que cien de aspectos sociales y del consumo popular, pero postergó casi totalmente lo laboriosidad y el esfuerzo en tendidos según la tradición cristiana, perdió el viejo orden. Bajo estos influjos los resortes internos de un número combados por los empresarios para mantener altos índices de productividad. Los impuestos se utilizaron frecuentemente bajo presiones de urgen. Cativa y no se tuvo en cuenta cuando su incidencia resultaba desestimulante para el esfuerzo y la producción.
Al influjo de cambios que se procuraba hacer profundos y amplios se descuidó ajustar los resortes administrativos y no se dio desde el Estado es cuela de buen manejo. Por el contrario, en algunos casos se hizo notorio el empeoramiento de la gestión de oficinas públicas o de ciertas empresas del Estado y se invirtieron con ligereza parto de las reservas exteriores acumuladas por el país en años de restricción de las importaciones coexistiendo con fuertes exportaciones. Pudo percibirse además durante el periodo un cierto número de disposiciones disciplinarias contra determinadas personas o grupos. Estas sanciones recibieron amplia divulgación por las protestas de los perjudicados y por la misma intención ejemplariza dora de las autoridades, pero el efecto secundario fue el de crear incertidumbre y pesimismo en un porcentaje elevado de los dirigentes técnicos y empresarios que no habían sido alcanzados por las medidas.
La misma reacción de los sectores populares contra las clases dirigentes del período anterior y sus códigos axiológicos se hizo extensiva a los sectores de la cultura y la educación que habían funcionado como apéndices del sistema y que habían alcanzado altos niveles de florecimiento relativo dentro del esquema ideológico imperante y gracias a la importante acumulación de riqueza de que había disfrutado el país. En algún momento esta tendencia pudo rayar en la apología de la mediocridad y en la negación de lo estético, antes de tener tiempo suficiente para el surgimiento de nuevos conceptos artísticos y educativos que remplazaran a los anteriores, pero que llevaran igualmente en alto los criterios de perfección que son indispensables en todo gran proyecto.
Escapa a los propósitos de este trabajo detallar los múltiples cambios sufridos por la ética nacional durante este periodo y las mil formas en que esa nueva valoración fue plasmando las estructuras ge fue notorio el deterioro en diversos mecanismos claves del país. Numerosos servicios públicos habían sufrido un proceso grave de desroble y producían toda clase de inconvenientes y demoras, se hacía cada vez más difícil delegar responsabilidades y organizar procesos productivos eficientes. En este ambiente de frustración e incertidumbre se acortaron drásticamente los horizontes de planeamiento de las empresas y se elevaron los riesgos imponderables de los negocios. La Argentina, que continuaba siendo el país con mejores capacidades humanas de la América Latina, debatías víctima de la falta de la “capacidad humana integral” para movilizarse. La crisis axiológica invadía a todos los sectores de la producción y los múltiples fracasos de las estructuras se constituían en otros tantos frenos opuestos a la liberación de las energías productivas del país.
El ambiente de recelos y desavenencias se extendió a todas las actividades. Las producciones secundaria y terciaria tuvieron la compensación relativa de sufrir los problemas estructurales en condiciones favorables de relación de precios y hala-gados psicológicamente por la prédica oficial, pero los ubicados en el sector prima-rio, y, principalmente los productores pampeanos, sufrían los mismos inconvenientes estructurales sumados a una situación de precios adversos y una actitud hostil de los ideólogos del proceso, que llegaron en muchos casos a manifestarse abiertamente en contra del sector agrario. Para ello la situación de ánimo prevaleciente en la mayoría de los producto-res argentinos hacia 1952 había llegado a ser profundamente pesimista.
Por extraño contraste, hacia esos mismos años los productores agropecuarios de los países industrializados se convertían en el sector mimado de sus sociedades Preocupados por la amenaza de extinción de la población rural masivamente. te atraída hacia las ciudades, y como admisión de las múltiples razones por las que la producción primaria es fundamental en la vida de las naciones, sus gobiernos hacían llover loas y subsidios sobre los productores, permitiéndoles elevar sustancialmente sus costos de producción, su productividad y, consiguientemente, sus niveles de vi-da. Es evidente la diferencia en el clima social creado por esas políticas que coincide, como es lógico, con los resultados obtenidos. Mientras en la Argentina la producción languidecía, en los demás países avanzaba a ritmo acelerado. En los incisos siguientes dedicaremos un análisis algo más pormenorizado a dos políticas específicas, la de arrendamientos y la impositiva, que rigieron durante el período, como ejemplos que permitirán percibir mejor las alteraciones introducidas deliberadamente por la conducción del Gobierno en el funciona-miento del sector.
