En general las políticas de precios admiten la acción combinada o conjunta de otras diversas políticas que condicionan o perfeccionan su acción. La teoría de la política económica reconoce innumerables sistemas de subsidios, créditos, precios garantizados, premios, etc., que pueden usarse con ese fin. En el caso especial de la Argentina en el período que analizamos, la situación impuesta por las políticas de precios desalentar la productividad con una intensidad que no alcanzaba a ser neutralizada por las políticas de fomento instituidas para compensar sus efectos negativos.
Ante los síntomas evidentes de paralización, el gobierno dispuso una serie de contramedidas, consistentes primordialmente en créditos de fomento y desgravaciones impositivas para ciertas inversiones. Estas medidas procuran estimular aspectos selectivos de la producción y en algunos casos también aumentar la demanda de ciertos insumos que se habían colocado fuera de mercado por su precio. Estuvieron vigentes en diversos tipos y formas y por distintos períodos, con frecuentes alteraciones y reorientaciones. No es fácil cuantificar los reintegros recibidos por el sector agropecuario merced a estas medidas de fomento que en ciertos periodos pudieron resultar bastante significativas, pero parecen siempre haber estado muy distantes de invertir la tendencia del flujo de las transferencias que se mantuvo permanentemente desde el sector primario hacia el resto de la sociedad. En un análisis posterior más detallado del sistema institucional de la agricultura se volverá con más precisión sobre estos aspectos. Algunos elementos estructurales y su importancia
Dentro del conjunto de rápidas transformaciones que sufrió la argentina profundamente arraigada en las actitudes y motivaciones de la población.
Estos factores de índole compleja y sutil, susceptibles de múltiple intrincación, ejercen una importantísima influencia sobre todas las manifestaciones de la vida del país.
que sirven de esqueleto a la conformación de todas las estructuras funcionales. Mas estructurales agrarios a los de tenencia de la tierra y distribución del ingreso, sino que se interpretará a las estructuras como el complejísimo andamiaje social creado, utilizado y sostenido por el hombre para la realización de todas sus actividades y aspiraciones como ser social. Instituciones, leyes, usos y costumbres, actitudes, niveles de aptitud y capacitación, expectativas y creencias, energías individuales y colectivas y su orientación, y todo el cúmulo de elementos afectivos y juicios de valor implícitos en lo que se ha denominado el “proyecto de vivir” de un pueblo, son pues estructuras que se entrelazan en cada sociedad, como resultado y limitante a la vez de las posibilidades del más encumbrado hasta el más modesto de sus miembros.
Pero vayamos a lo nuestro. Cuando en la segunda mitad del siglo XIX las circunstancias mundiales brindaron una coyuntura tan favorable para el enriquecimiento de la Argentina, se hizo imperioso establecer un definido proyecto nacional que permitiera movilizar sus recursos dormidos. Los distintos grupos y tendencias políticas que se habían disputado sañudamente el control del país, comprendieron la necesidad de estabilizar la situación y aliarse en pro de objetivos comunes. El propósito nacional de enriquecerse, embellecerse y mejorarse fue encarnado por los grupos terratenientes, que hasta ese entonces Objetivos comunes habían actuado profundamente divididos y que se unieron en procura de producir formas de convivencia más está La masa de inmigrantes que venían desde Europa.
El aluvión de estas circunstancias introdujo un nuevo sistema de valores que la nueva producción necesitaba para sustentarse.
La lucha fue dura, porque la población del país se adhería firmemente a un código muy distinto, producto de esa conjunción de corrientes culturales en sido descritas con clarividencia por autores como el peruano Luis Alberto Sánchez, con frecuentes referencias a la realidad argentina.
La literatura nacional de fines de siglo, con sus Santos Vega, sus Martín Fierro, sus Segundo Sombra, sus Juan Moreira, es un testimonio expuesto con la claridad simbólica que pueden alcanzar los artistas, de la rebeldía, la lucha y la derrota de la ideología gaucha frente al avance arrollador del progreso, encarnado en el alambrado, el ferrocarril, el telégrafo, los vacunos mansos y sin guampas, que venían acompañados de una nueva ley y autoridad que enfrentaban sus vidas sin frenos, ni cercos hasta ese entonces.
La invasión rapidísima de la Revolución Industrial, al cambiar de raíz las formas de vida y de producción, modificó también profundamente los criterios y los valores. La vida somnolienta de campos y ciudades tomó de pronto objetivos claros. Los caudillos de montonera se transformaron en pocos años en hacendados y luego en gerentes de las nuevas empresas. El paisanaje tuvo que resignarse a pensar en los mismos campos que habían sido una enseñada en los miles de nuevas escuelitas, hizo palidecer rápidamente a las patrias chicas que se habían desgarrado entre sí hasta poco tiempo atrás.
El nuevo proyecto nacional así fundado fue extraordinariamente operativo en su objetivo fundamental que era organizar al país para aprovechar las circunstancias que le brindaba el mercado exterior y para lo cual la dotación de recursos naturales de la Argentina era particularmente favorable. La sociedad nacional en conjunto percibió la coyuntura y tomó las medidas necesarias para aprovecharla con una eficiencia notable.
Ante el éxito de esta operación masiva el argentino se convirtió en un hombre satisfecho de sus realizaciones, vivía en esos días con niveles de bienestar que eran de los más elevados del mundo, veía el futuro con optimismo ilimitado y enfrentaba los desafíos con el aplomo del triunfador. Ese optimismo tuvo su máxima expresión en el espíritu del Centenario, en1910, que fue una apoteosis nacional como se han registrado pocas en la historia del mundo.
Pero, el sistema de valores en que reposaba toda esa estructura eficiente de producción nunca fue totalmente aceptado, como no lo es ningún sistema de valores, ni podía alentar la esperanza de mantenerse inalterado a través de los años. En las regiones del país menos expuestas al contacto euro-en el simbolismo profundo de la literatura popular, el Progreso, el Comisario, una imposición arbitraria y negativa para el sistema de valores profundo de las masas populares. rápidamente otros rubros secundarios y terciarios que ampliarán las posibilidades económicas. Resulta difícil reconstruir alternativas históricas truncas y especular sobre por qué no se eligieron otros caminos. Se ha procurado atribuir esta limitación del proyecto nacional argentino a la influencia de diversos elementos, solos o combinados.
Hay quien señala como fundamental la falta de vocación tecnológica industrialista del carácter latino que, dicen, ha manifestado un retraso histórico en incorporarse a la Revolución Industrial frente a los anglosajones, germanos, japoneses o eslavos del Norte. Esa limitación habría afectado especialmente a la clase dirigente que hemos citado.
Otros hacen notar que la Argentina, desde la finalización de la Guerra del Paraguay ingresó en un período totalmente exento de desafíos históricos revitalizadores
El avance científico y tecnológico no era extraño a este proceso. La esperanza de vencer cada vez más fácilmente a la maldición bíblica del trabajo mediante el aprovechamiento de la energía y las máquinas, iba haciendo sur-gir con fuerza creciente un nuevo espejismo: el de la abundancia sin límites de la sociedad de consumo, unida al ocio tradicionalmente vinculado con la felicidad.
Por lo tanto, cuando la crisis mundial del año 30 azotó con fuerza a la Argentina, ya se mostraban en el conjunto social del país muchas tendencias poderosas que abogaban por cambios drásticos en el sistema de valores vigente.
Ya la burguesía derivada de la inmigración y económicamente posibilitada por los altos niveles de ingreso general, se manifestaba políticamente como una fuerza mayoritaria, que encauzada en los nuevos partidos políticos populares ponía en jaque perpetuo al poder detentado por una oligarquía cada vez menos influyente.
Pronto los nuevos estímulos de la urbanización masiva y de la industrialización incipiente terminarían de debilitar los lazos de dependencia de en el sistema de valores, definido lúcidamente por algunos antropólogos como “la venganza de las razas morenas”.
La sociedad argentina, una vez más inducida por los cambios profundos que se percibían en el mundo, pugnó por transformar desde los cimientos desde el comienzo de la II Gran Guerra Mundial en 1914 hasta fines de la deportación interrumpida por causas totalmente ajenas a la Argentina, pero que había generado este periodo se mantuvo en el ánimo de la conducción política nacional. Como resultado de ella, el esquema de alta y persistente pieza central del nuevo proyecto nacional, hacia el que convergieron todas las políticas y recursos del país. Del mismo modo, el clima social y político que necesitaba el modelo, fue aportado por las tendencias populistas que habrían de caracterizar al periodo.
