Vista aérea de campos agrícolas extendidos en un valle rodeado de montañas, mostrando la expansión horizontal de la producción agropecuaria.

La expansión horizontal de la producción agropecuaria

El incremento vertiginoso de la producción agropecuaria, que había actuado como principal motor del crecimiento, se había obtenido por un doble proceso. En parte, por la ocupación rapidísima de millones de hectáreas de tierras que hasta el momento habían estado desocupadas o explotadas muy extensivamente. El cuadro Nro. 5 al mostrar el área bajo cultivo es revelador de este aspecto que elevó cuarenta veces el área sembrada entre 1888 y 1930, hasta dejar ocupada la casi totalidad de las tierras aptas para el cultivo de secano.

El salto tecnológico

Simultáneamente con la invasión ya descrita de tierras vírgenes con sembrados y rebaños, se había producido en la Argentina, y primordialmente en las pampas, una corriente de innovaciones tecnológicas que transformaron íntegramente los viejos sistemas de producción del período primitivo. En un lapso comparativamente tan breve, las empresas ganaderas cimarronas manejadas a lazo y cuchillo, en pajonales ilimitados, se convirtieron en establecimientos comerciales que utilizaban una tecnología muy adelantada para la época compuesta por una adaptación ingeniosa de las prácticas de la Europa Occidental a las condiciones de vastas tierras que se habían abierto simultáneamente en los países nuevos de América y Australasia. La masa de inmigrantes aportaba en esos años un flujo de capital humano de mentalidad moderna para su época, con los hábitos de trabajo, ahorro e inversión generalizados en los países del Viejo Mundo. Esos inmigrantes introdujeron consigo los conocimientos y las destrezas que eran habituales en sus países de origen. En lo agropecuario esa tecnología se adecuaba fácilmente a las condiciones de la Argentina, y por añadidura, la rentabilidad de las inversiones se incrementaba considerablemente ante la abundancia de tierras disponibles nunca antes trabajadas y la benignidad del clima.

Los empresarios argentinos descubrieron pronto las ventajas de esa tecnología incorporada en los cerebros y los brazos de los emigrados de Europa. Se creó prontamente una fuerte demanda por hombres conocedores de di-versas técnicas y manualidades y menudearon los pedidos de ovejeros escoceses, irlandeses y vascos, de chacareros italianos, gallegos y suizos, de mayordomos y cabañeros ingleses y escoceses, de tamberos vascos, de quinteros y fruticulturas italianos, valencianos y portugueses, de agrimensores, constructores, artesanos y operarios de toda Europa, que se constituían de inmediato en motores y maestros de un nuevo nivel tecnológico nunca visto en las zonas rurales argentinas. Tanto como asalariados en los establecimientos ya existentes, como por el efecto de demostración de los que se iniciaron independientemente como contratistas, tinteros, arrendatarios hasta convertirse en propietarios, esos inmigrantes hicieron escuela y sus aportes técnicos tomaron carta de ciudadanía junto con sus portadores, generando un movimiento de progreso tecnológico aún más acelerado que el que se estaba verificando paralelamente en países como Australia, Canadá, Sudáfrica y Nueva Zelandia.

Este proceso de aplicación y adaptación de tecnología europea de clima templado se vio complementado por un genuino impulso de innovación lo-cal que elaboró interpretaciones y aplicaciones propias de los recursos técnicos importados. Así los alambrados, bretes, cepos y aguadas argentinos incorporaron de inmediato componentes de ingenio nativo. Del mismo modo, los areles de invierno de doble propósito, de los alfalfares y otras prácticas, se diferenciaron totalmente de las similares del Viejo Mundo y alcanzaron una óptima utilización de los recursos existentes. Durante el periodo anterior a la crisis del 30 se contó con una dotación suficiente de los insumos requeridos para alcanzar el nivel tecnológico, principalmente componentes de las industrias metalúrgicas inexistentes en el país pero que se importaban sin dificultades, salvo en el breve período de la Primera Guerra Mundial. Los retornos esperados de las inversiones tecnológicas eran atractivos debido al costo relativamente bajo de dichos insumos dentro del planteo general de las empresas, lo que alentaba a “poblar campos”, como se decía en esos días, combatiendo los pajonales y construyendo instalaciones, aún en tierras expuestas todavía a las tropelías de los malones, de los gauchos alzados y a los no-infrecuentes abusos de las autoridades de turno que se sumaban al riesgo de sequías, langosta y otras plagas. De este modo, ya desde comienzos del siglo XX hicieron su entrada en la Argentina diversas empresas que ofertaban maquinaria y diversos equipos e implementos agropecuarios cuyo uso era enseñado y difundido por los servicios de venta de las mismas empresas.

Sin embargo. Debe hacerse notar que la Argentina en la década del 20tenia todavía una estructura muy débil en los estratos científicos y técnicos que pudieran potenciar el logro de niveles superiores de productividad y desarrollo agropecuario. Si bien es cierto que la enseñanza profesional agronómica y luego veterinaria, se habían iniciado en 1883, ésta quedó limitada a las Universidades Nacionales de Buenos Aires, La Plata y Litoral, y habría que esperar hasta 1939 para que se incorporara la Facultad de Ciencias Agrarias en la Universidad de Cuyo, seguida por otras muy luego.

El país no tuvo estaciones experimentales hasta 1912, cuando se crearon cinco, pero sus recursos eran tan exiguos que limitaron su actividad casi exclusivamente a algunas tareas de Fitomejoramiento. Estos gérmenes de un movimiento tecnológico más dinámico contrastan desfavorablemente con el impulso poderoso que habían recibido hacia la misma época la enseñanza, las investigaciones y la extensión rural en otros países.

Si bien es cierto que los productores de otras regiones hacían un uso mayor de técnicas intensivas en capital y mano de obra, en términos económicos puede decirse que los productores argentinos habían venido optimizan-do la aplicación del “estado de las ciencias” en general y dentro de sus circunstancias y características ecológicas e históricas, y que al finalizar el período de la “revolución agrícola en las pampas” los productores habían re-superado el atraso inicial de su producción y hecho desaparecer la “brecha” tecnológica con sus eventuales competidores.

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