Argentina es, y siempre fue, un país fundamentalmente agrícola, como tal, el mundo del agro ha estado siempre fuertemente relacionado a distintos eventos de la historia del país, es por esto que explorar la historia de la certificación agrícola en nuestro país resulta indispensable si queremos entender el rol que el sector en general ha cumplido a lo largo del tiempo.
La certificación agrícola es un instrumento por el cual se confirma que diversos ámbitos del agro cumplen con requisitos o estándares que valorizan la producción. Se trata de organismos, que pueden ser públicos o privados, que otorgan avales, estos avales a su vez garantizan el cumplimiento de los estándares en materias tan diversas como la sanidad, la trazabilidad, sustentabilidad o el bienestar animal entre otros muchos criterios.
¿Qué papel cumple la certificación agrícola en la historia argentina?
La certificación siempre ha jugado un papel muy importante en la modernización y en el desarrollo del sector agropecuario. Desde la formación del estado nacional hasta la actualidad han existido distintos criterios de calidad y seguridad en los productos del agro, esto ha permitido que se facilite la comercialización de estos productos a distintos mercados internacionales, exportación vital en la economía argentina tanto en el pasado como en su rol actual, siendo una de las principales fuentes de divisas extranjeras.
Las primeras certificaciones
La noción de las certificaciones agrícolas surgió en el contexto de la expansión de la frontera agrícola del país. Durante el siglo XIX la extensión del área cultivada en el país creció a ritmos exponenciales y el rápido aumento poblacional generó una demanda cada vez más creciente de alimentos y productos rurales en general.
La necesidad de una forma de garantizar un cierto grado de calidad en estos productos que cada vez se consumían en mayor medida se hizo evidente. Fue así como surgieron las primeras iniciativas de certificación, en un grado más bien informal y basadas de manera casi exclusiva en la confianza que existía entre los productores y sus compradores, no mantenían criterios particularmente estrictos, pero sirvieron como punto de partida para un mayor control y formalización en el futuro.
Siglo XX, la consolidación, modernización y formalización de los certificados
En el siglo XX se comenzó a formalizar y consolidar el proceso de certificación de los productos agrícolas. A medida que el país se industrializó, fue más necesario el cumplimiento de estándares de calidad para el uso industrial además de para el consumo directo, lo que terminó por provocar la creación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en 1956. Este organismo se convirtió en un actor clave en el desarrollo de estándares y certificaciones en el ámbito agropecuario. Fue con la concepción del INTA que la certificación se formalizó definitivamente, promoviendo la modernización y la sustentabilidad a una escala previamente inconcebible.
Siglo XXI, Certificación internacional
Ya a finales del siglo XX y bien adentrados en el siglo XXI, la legislación agrícola de la Argentina ha evolucionado y se ha adaptado a estándares internacionales de certificación. La globalización y la apertura a nuevos y más diversos mercados ha provocado que la demanda por productos certificados aumente, y la Argentina, aprovechando esta oportunidad de inserción global, ha perfeccionado así sus estándares ecológicos, de bienestar animal y humano, así como de seguridad alimentaria y de higiene. El INTA hoy cumple un rol crucial en el control de calidad de los productos y es el principal impulsor de la modernización y adaptación a nuevas y mejores tecnologías en el ámbito agrícola.
El futuro de la certificación en Argentina
Ya a finales del siglo XX y bien adentrados en el siglo XXI, la legislación agrícola de la Argentina ha evolucionado y se ha adaptado a estándares internacionales de certificación. La globalización y la apertura a nuevos y más diversos mercados ha provocado que la demanda por productos certificados aumente, y la Argentina, aprovechando esta oportunidad de inserción global, ha perfeccionado así sus estándares ecológicos, de bienestar animal y humano, así como de seguridad alimentaria y de higiene. El INTA hoy cumple un rol crucial en el control de calidad de los productos y es el principal impulsor de la modernización y adaptación a nuevas y mejores tecnologías en el ámbito agrícola.
Los enfoques de regulación en el futuro tendrán muy seguramente que ver con los desafíos medioambientales que atraviesa el mundo, poniendo un especial énfasis en cumplimientos sobre sustentabilidad, seguridad alimentaria y el cuidado tanto del suelo como de acuíferos y ecosistemas locales. De hecho, ya existen varios bloques comerciales tales como la Unión Europea o Estados Unidos que requieren de ciertos requisitos ambientales para la importación de productos agrícolas para el consumo de su población, lo que el cumplimiento de estos será vital para la supervivencia y perfeccionamiento de uno de los sectores económicos primarios de la economía argentina.